Karin Fleischer
“Estamos viviendo en la era atómica. Puede finalizar en la liberación destructiva de energía o en la liberación creativa de una nueva conciencia. Depende de nosotros.
Cada individuo es una célula en el Universo. Somos la conciencia que puede integrar espíritu y materia”

Marion Woodman

Veo, escucho, siento, toco injusticia a mi alrededor … Veo violencia, escucho impotencia, siento un gran signo de interrogación, toco incertidumbre. ¿Qué hacer? Qué puede una hacer ante tanta desazón y destrucción diarias, miles de niños que mueren por la guerra del hambre, miles que mueren por la guerra de las bombas, miles que nacen a un mundo que se está cayendo; reflejo de un modo de relación basado en el poder de uno sobre otro: el hombre sobre la mujer, la mente sobre el cuerpo, el ser humano sobre la naturaleza. Qué hacer?… y la pregunta se repite de diferentes modos, con diversos matices a través del año, en nuestros encuentros, en nuestra práctica, en la vida cotidiana.
La disciplina de Movimiento Auténtico nos invita a descubrir de manera personal y directa cómo nos relacionamos, a través del desarrollo vincular entre movedor y testigo. Tina Stromsted expresa que “los asaltos/heridas ocurren en el contexto de las relaciones y es en este contexto que deben ser sanados”. Tanto en el trabajo individual como grupal, las personas comienzan trabajando con los ojos cerrados en presencia de un testigo. Cerrar los ojos invita a un estado de relajación interna, que facilita el acceso a estímulos – imágenes, sonidos, sensaciones, movimientos – del inconsciente. Gradualmente ciertos esquemas de movimiento emergen en cada persona; Janet Adler los llamó “movimientos idiosincráticos”. Estos patrones de movimientos inicialmente suelen ser incomprensibles para el individuo; sin embargo, a través de sucesivas repeticiones van revelando su significado. Reflejo de actitudes, memorias y emociones que han quedado cristalizadas, fijadas en la memoria celular del cuerpo, los mismos tienen sentido solo para quien los vivencia, son expresiones genuinas de algo único aún no reconocido, la Sombra en términos Junguianos.
La proyección es uno de los mecanismos a través del cual uno se disocia del cuerpo. Cada uno proyecta aquello que aún no puede reconocer en sí mismo. Esta disociación interna determina de qué manera uno se relaciona con el mundo externo. Si no puedo aceptar lo “diferente” en mi misma, lo juzgo, censuro y condeno afuera también. El “otro” no es un “otro” sino una proyección de mi misma.
A partir del emerger de los movimientos idiosincráticos, uno de los primeros temas que surgen en nuestro trabajo, es respecto a la posibilidad de reconocer aquello que inicialmente aparece como diferente y luego se transforma en algo distintivo de una misma. Al ser mirada por un testigo que acepta estos aspectos sin juzgarlos, ni interpretarlos, una aprende a aceptar su propia sombra. De enemiga se transforman en aliada.
A través de esta re-apropiación la persona descubre gradualmente la raíz de este mecanismo proyectivo, aquella experiencia/emoción motivadora. En este proceso la conciencia se expande, y la reacción se detiene, dando lugar a la posibilidad de una nueva acción. Cuando uno reacciona automáticamente ayuda a perpetuar el “complejo colectivo de poder” (Woodman, 1992). “La violencia no detiene a la violencia, perpetúa la misma energía. El amor transforma la violencia” dice Marion Woodman (1992). Pero el amor no puede emerger nunca desde un estado de conciencia basado en la negación, proyección y disociación. Amor implica reconocer los opuestos en una misma y crecer a través de una relación continua y constante entre los mismos. La identificación / proyección es inconsciente. La relación es conciencia, y el amor es relación.
La actitud dualista “esto o aquello”, expresión del paradigma científico-positivista, es transformada en una nueva expresión ¬ “ambos / y” – que diferencia y abarca los opuestos.
Nuevos símbolos emergen desde la profundidad de la psique, antiguas diosas pre-Cristianas íntimamente ligadas a la tierra; La Madona Negra, en la cual se reconcilian la prostituta y la santa virgen; Dionisios, el dios extranjero, nacido con cuerpo de hombre y criado como mujer, expresión de lo Oculto, del Misterio, de la Transformación. Estos nuevos símbolos, expresiones del movimiento en la psique, reflejan una nueva ética, una nueva manera de concebir las relaciones en la cual el poder deja de ser sinónimo de explotación de unos sobre otros y se transforma en la expresión genuina de la propia fuerza creativa; fuente, matriz, potencial donde instintos y espíritu – la Tierra y el Cielo – danzan en armonía…
… y cuando éstos se manifiestan desde el interior, individual y colectivamente, sentimos gratitud y celebramos el saber que hay otra posibilidad…

Bibliografía
Stromsted, T. The Dance and the Body in Psychotherapy ¬ Reflections and Clinical Examples. The Body in Psychotherapy . Inquiries in Somatic Psychology. Edited by Don Hanlon Johnson & Ian J. Grand.
Woodman, M. 1992 Leaving My Father’s House. A Journey to Conscious Feminity. Boston & London: Shambhala.