Karin Fleischer

(…) En Mongolia, muhai quiere decir “horrible” o “querido”. En ruso, “eclipse” también significa “locura” y el signo chino de la palabra crisis expresa “peligro” y también “oportunidad”.
Eduardo Galeano

Es indudable que globalmente nos encontramos ante un período de profunda crisis, y como ya han señalado otros toda crisis indica también oportunidad.
Historias pertenecientes a antiguas tradiciones nos hablan también de este período; tradiciones y culturas que han sido testigos de violencia, sufrimiento y profunda agresión. Muchas personas pertenecientes a estas culturas de la tierra creen que la humanidad está pereciendo porque la presencia de lo sagrado en sus vidas ya no está o se está perdiendo.
Al respecto, un anciano Hopi, David Monougye, dice:
Me han dicho que en cierto momento la gente nativa
Se desviaría de su camino original, adoptando conceptos extranjeros.
Sus valores religiosos y espirituales serían destruídos, incluyendo sus fundamentos.
Su lenguaje, cultura e identidad cesará de existir.
Cuando esto ocurra, unos pocos sobrevivientes permanecerán
Y poseerán la sabiduría y el conocimiento de sus antecesores.
Si son suficientemente afortunados, éstos pocos se unirán e integrarán
El conocimiento antiguo que recuerdan, y continuarán
En busca de las raíces que los Hopis han dejado, hasta
Encontrar la raíz maestra… Pero si éstos últimos sobrevivientes
perecen, sobrevendrá una gran purificación por
Parte de las fuerzas de la naturaleza, para poder restaurar
El plan del Creador…

Gray Whiskers, del desierto de Nueva México también cree que una visión sagrada de la vida ha sido abandonada. James Kootshongsi, indio Hopi, observa que en este ciclo “las cosas han llegado demasiado lejos”, no obstante, dice “nosotros todavía sembramos maíz en la Primavera” y “cosechamos en la tenue luz del Otoño”.
La naturaleza manifiesta sus ciclos a través de las estaciones, los días y las noches, así también el ser humano atraviesa ciclos, siembra y cosecha, luz y oscuridad intermitentemente a lo largo de su vida. Ciclos ligados a un crecimiento externo e interno. Más allá de la motivación, lo cierto es que cada uno de estos momentos implica una transición y cada transición abarca la entrada en uno mismo, una metamorfosis y un nuevo emerger.
Así como estas antiguas tradiciones vivían en conexión directa con los cambios de la naturaleza, también reconocían y honraban cada ciclo personal, pudiendo reconocer que en la esencia de los mismos subyace el encuentro con lo sagrado. Cada crisis, cada cambio nos confronta con algo que debemos dejar, una forma de actuar, una imagen, una manera de relacionarnos, con un traje que ya no nos va; y también con el potencial de lo nuevo, aún desconocido, aún sin forma. Cada encuentro con lo nuevo es un acercamiento a la esencia, el despojo de otra capa, una nueva aproximación a lo real.
Este pasaje de lo viejo a lo nuevo, de lo conocido a lo desconocido, implica también una muerte simbólica, retorno temporario al caos, al no-saber; que se manifiesta a través de imágenes tales como la oscuridad, la noche, el útero de la tierra, la caverna, símbolos que expresan el retorno a un modo de ser en latencia y que no significan un total aniquilamiento.
Tolerar, sostener este momento implica confiar en lo desconocido, en el misterio, en lo femenino como arquetipo.
Antiguamente, la persona que atravesaba un período semejante se retiraba a un lugar protegido, aislado, que le ofrecía la privacidad esencial a toda transición. Una crisálida donde la transformación pueda tomar lugar.
En nuestro presente, muchos de nosotros buscamos esta crisálida en espacios terapéuticos, en prácticas de meditación o a través del arte.

En la práctica de Movimiento Auténtico, encontramos en el círculo, símbolo milenario, este espacio protector, sagrado, contenedor a través del cual descender y entrar en la fértil oscuridad. Espacio que nos permite expresar la propia vulnerabilidad ante el no-saber.
Hay una crisis, transición global que nos afecta a todos; y a su vez cada uno de nosotros atraviesa a su modo una propia, personal. La invitación es a tomar contacto con ésta última, explorar de qué manera se corresponde o no con la primera, indagar a qué nos desafía. La invitación es también a explorar las diferentes fases existentes en todo proceso de cambio: la entrada o descenso en una misma, el encuentro con lo desconocido, el retorno a la comunidad.
Las transiciones, expresa Marion Woodman:
son el infierno
También son un tiempo para crecer…
Cada infierno quema más ilusiones
Vamos dentro del fuego a morir
Y a renacer
Los ritos de pasaje se acompañan
De la entrega
Nos permitimos a nosotros mismos descender
En nuestro cuerpo
El alma se entrega al espíritu
Nuestra relación con nosotros mismos
Y con el mundo es re-creada
Los ritos de pasaje se acompañan
De tenacidad
El túnel de la muerte y del renacimiento
Demanda un esfuerzo supremo
Demanda permanecer
Sin orientación
Hasta la luz
Los ritos de pasaje se acompañan
De concentración
La concentración dirige la energía
Hacia la conciencia
Aprende a tomar una dirección
Desde adentro
Cambio y flujo
En el decaer de lo viejo
Y el nacer de lo nuevo
El ritmo de lo femenino

Marion Woodman, “Coming Home to Myself” 

Bibliografía
Halifax, Joan, 1993. The Fruitful Darkness, Reconnecting with the body of the Earth. Harper, San Francisco
Woodman, M. & Mellick, J. 1998. Coming Home to Myself. Berkeley, CA: Conary Press