Karin Fleischer

“Si podemos reconciliarnos a nosotros mismos con la misteriosa verdad de que el espíritu es la vida del cuerpo contemplada desde adentro, y el cuerpo es la manifestación externa de la vida del espíritu siendo los dos realmente uno ¬ entonces podemos comprender porque la lucha por trascender el nivel de conciencia actual debe dar al cuerpo su lugar”
                C. G Jung (1928)

Hablar sobre un proceso que implica algo más que el intelecto es bajo todo punto de vista una tarea difícil, o por lo menos incompleta. Utilizando las palabras de Edward Edinger (1968), “esta presentación debe ser reconocida tan solo como un sketch bidimensional de una realidad tridimensional”.
Una de las contribuciones más importantes realizadas por Jung es lo que él denominó “proceso de individuación”, de devenir una totalidad, de llegar a ser aquello que uno verdaderamente es.  Jung también utilizó el concepto de “función trascendente” para definir este proceso, el cual describe como “… un proceso natural, una manifestación de energía que emerge de la tensión de los opuestos y consiste en una serie de fantasías u ocurrencias que aparecen espontáneamente en sueños y visiones” (Chodorow, 1977). Jung centra su atención en la necesidad del ser humano de confrontarse con el inconsciente como forma de llegar a la plena expresión y expansión de su potencial. De este modo, su visión considera la situación por fuera del ámbito de la patología. Aquello que nos enferma no es necesariamente nuestra peor parte, puede incluso ser la mejor; pero si no admitimos su poder, si dejamos las puertas cerradas, este aspecto busca una salida hacia adentro, y entonces puede dañarnos a lo largo de toda la vida.
Para facilitar la función trascendental, Jung desarrolló un método meditativo: Imaginación Activa. Como técnica que posibilita la integración de los contenidos inconscientes a la consciencia, puede realizarse de diversas maneras. Una forma es a través del cuerpo y el movimiento.
Mary Whitehouse, una de las pioneras en dance/movement therapy y creadora de Movimiento Auténtico, dice que el método de imaginación activa a través del movimiento implica “seguir la sensación interna, permitiendo que el impulso tome la forma de acción física.”
El individuo, movedor o paciente según el contexto en el cual se esté trabajando, comienza cerrando los ojos, y desde la quietud y el silencio espera que emerja algún impulso desde adentro. Este impulso puede originarse tanto en una sensación, como en una imagen o en una emoción.

El relato de una persona ejemplifica estas diversas posibilidades:

“mi primera y más poderosa experiencia surgió a partir de una imagen. La visión de aquel lugar desconocido fue de tal intensidad, que sentí como si casi estuviese perdiendo contacto con mi cuerpo. Necesité tocarme a mi misma, moverme para poder sentir algo, ya que estaba en medio de la nada. Cuando terminó la experiencia y volví a abrir los ojos sentí cierto alivio, aunque el poder de aquella imagen continuó impactándome.”

Este testimonio nos lleva directamente a otro punto importante relacionado con este trabajo. El método de imaginación activa a través del movimiento debe ser utilizado por individuos que posean una cierta estabilidad yoica, para que consciente e inconsciente puedan encontrarse de igual a igual.
Continúa el relato:

“sabía en ese momento que podía volver a donde estaba, a la sala, al grupo; sin embargo, el deseo de saber algo más respecto a aquel espacio desconocido me previno de abrir los ojos.
Recuerdo luego otra experiencia en la cual imagen y sensación fueron igualmente fuertes. Estaba acostada en el suelo cuando un impulso repentino me levantó desde mi torso, y me dirigió hacia una luz blanca que estaba por encima mío, en diagonal. Tanto la imagen de esta luz radiante como el sentirme elevada desde el pecho, fueron experiencias poderosas.”

La posibilidad de permanecer en contacto con la sensación física permite la expresión del inconsciente manteniendo a la vez un espacio interno de conciencia a través de la percepción continua de la realidad corporal. Chodorow (1977), analista Junguiana, expresa que “debido a que el cuerpo permanece enraizado en su propia experiencia, el acto de moverse crea un feedback propioceptor y kinestésico, que permite confrontar el inconsciente desde la realidad corporal del ego”. Podríamos decir entonces que el cuerpo, al poseer la capacidad de expresar simultáneamente consciente e inconsciente, es una herramienta importante en el proceso de individuación.
La estructura que ofrece contención a la experiencia está dada por la relación entre el movedor / paciente y el testigo / terapeuta. Mientras el movedor / paciente se entrega a explorar espacios, movimientos, sonidos y silencios de su paisaje interior, el testigo / terapeuta mira, sin interpretar lo que el otro está haciendo, sino atendiendo y escuchando su propia experiencia. El testigo ofrece mirada, presencia y aceptación, un lugar de conciencia a la vez que permanece atento a su propia realidad interior. Janet Adler (1987) expresa que “en un contexto terapéutico, el testigo es esencial. La presencia de otro cuando se está explorando lo desconocido es una respuesta a la necesidad humana de seguridad, contención, balance y/o mente objetiva”.
A su vez, la posibilidad a posteriori de hablar sobre la experiencia y de recibir una respuesta del testigo son nuevos pasos necesarios en la integración del inconsciente y la conciencia. Es importante poder documentar la experiencia, ya sea a través de la escritura, pintura, arcilla, una danza u otra forma artística, debido a que aún las experiencias más fuertes tienden a perderse si no son cuidadosamente integradas a la conciencia.
La mirada del testigo abre también nuevas áreas de la personalidad a ser exploradas. Reconocer cuando necesitamos la mirada del testigo y cuando preferimos no ser vistos lleva su tiempo, pero el empezar a tomar conciencia de esto nos informa acerca de nosotros mismos, de esa experiencia en particular y/ o del momento presente. Continuando con el relato anterior, la misma persona escribió luego de una sesión:

“Sucedió durante esta sesión que al comienzo no quise moverme, y sentí ansiedad al respecto, como si debiera hacerlo. A consecuencia de esto, surgieron temas relacionados a mi dependencia respecto a las expectativas ajenas tanto como mis propias exigencias. De todos modos, sentí que en esta forma de trabajo podía dejar ir estas famosas demandas a mí misma. Así, cuando pude hacer a un lado los pensamientos y presiones que llegaban desde mi yo, sentí que comenzaba a entrar en contacto con otra dimensión que estaba más allá y a la vez más acá de mi misma. En ese espacio, las expectativas de los otros y las mías propias se disolvían, y me sentí desnuda rodeada por un universo nuevo y desconocido…”

En su libro “The Hero Within”, Pearson (1986) dice que “cuando se abandona la necesidad de ser mejor que, uno deja de tener que probarse a sí mismo y, puede, aunque sea ocasionalmente, simplemente ser”.
En los comienzos de esta práctica, uno puede tener la sensación de estar experimentando hechos aislados sin ninguna conexión entre sí. Aquí también descubrimos la importancia de ir documentando las sucesivas experiencias, ya que con el tiempo uno empieza a descubrir que existe un orden inherente a las mismas.
A veces, este orden indica un proceso que puede asociarse al arquetipo de transformación, el cual pertenece a un proceso psíquico de crecimiento, cambio y transición. Según Edinger (1968), este arquetipo puede expresarse a través de imágenes diferentes con un mismo significado de fondo. Imágenes tales como la exploración de espacios oscuros, o de descensos, temas de muerte y renacimiento, y el simbolismo de iniciación responden a este arquetipo.
Sin embargo, para integrar las diferentes experiencias, a veces vividas como opuestas, en una totalidad con sentido, es necesario primero poder diferenciarlas. Reflexionando sobre su propio proceso, la persona de los relatos anteriores, expresó:

“…primero sentí que entraba en contacto con una parte desconocida de mí misma, una dimensión nueva, vasta y que me inspiraba temor al mismo tiempo. Las puertas del inconsciente se abrían, y pude reconocer parte de mi sombra, que siempre había negado. Fue extremadamente difícil en ese momento reconocer su existencia, por lo tanto no podía integrar aún estos aspectos con aquellos otros potencialmente diferentes. Oscuridad ¬ luz, muerte ¬ vida eran opuestos claramente reconocidos pero todavía irreconciliables. Solo, luego de mucho tiempo, comencé a aceptar la posibilidad de su integración, empezando por aceptar la existencia irremediable de mi sombra, y dejando de pelearme con ella. Sin embargo, siento que esto es aún el comienzo…”

Retomando los conceptos de Función Trascendente y de proceso de individuación, advertimos que el proceso de integración de la personalidad implica necesariamente la posibilidad de reconciliar los aspectos conscientes e inconscientes de la psique. Este proceso puede seguir su curso de manera inconsciente, o puede uno contribuir al mismo desde una participación consciente. La práctica de imaginación activa a través del movimiento es una manera de acompañar este proceso de crecimiento y transformación, la persona deja de ser una víctima de lo que le sucede y puede empezar a sentir un nuevo sentido de responsabilidad respecto a sus actos, descubriendo el aprendizaje existente detrás de cada situación. La integración de la sombra personal, es decir de aquellos contenidos internos que hemos proyectado en otros indica el comienzo de este viaje.
Cuando la sombra personal es integrada a la personalidad consciente, la conciencia se amplía y como consecuencia el yo consciente también es transformado.

“…si los dragones no son otra cosa que nuestras sombras, nuestras partes no vividas, nuestras partes no amadas, entonces la única manera de poder transformarlos, es trayéndolos a la luz del día…”
Pearson, “The Hero Within”

Bibliografía:

Adler, J., 1987, Who is the Witness? ¬ A description of Authentic Movement, Contact Quarterly, 12(1), 20-29
Chodorow, j., 1977, Dance Therapy and The Trascendent Function, ADTA International Conference, Toronto, Canada.
Edinger, E., 1968, An outline of Analytical Psychology. Quadrant #1, Notes onAnalytical Psychology.
Jung, C.G., 1928, The spiritual problem of modern man. Collected Works, 2nd edition, 10, 74-94. Princeton: Princeton University Press, 1970
Pearson, C.S., 1986, The Hero Within: Six Archetypes We Live By. San Francisco: Harper San Francisco.

Este texto fue publicado en la edición Nº 26 de Campo Grupal, agosto de 2001