Movimiento Auténtico puede utilizarse en el ámbito artístico, como práctica creativa, en el campo de la educación somática, y en la clínica como parte de un proceso psicoterapéutico.

En las artes y en la educación somática:

“… cierra los ojos… escucha… y espera el emerger de un impulso”

Este comienzo nos invita a desarrollar una posibilidad distinta a la ya conocida respecto a la experiencia de movimiento; a explorar el pasaje del “yo me muevo” al “ser movida”. Ser movida significa dar espacio a aquella experiencia que no depende de mi voluntad o control. Ser movida, decía Mary Whitehouse es “como descubrir un paisaje a medida que una lo recorre” A partir de la escucha, y no de decirle al cuerpo qué tiene que hacer, el movimiento surge con una cualidad diferente, el individuo experimenta nuevas expresiones, gestos extraños e idiosincrásicos, que posibilitan la apertura y comunicación de formas nuevas, más originales y menos estereotipadas. Como forma creativa, Movimiento Auténtico facilita la conexión con la capacidad de crear inherente a nuestra naturaleza, o el emerger de la voz poética; aquella que no parte de lo ya sabido, sino de lo aún por descubrir. Elementos de Movimiento Auténtico pueden utilizarse no solamente en la danza, sino  en las diversas artes como formas de posibilitar la apertura al juego de la imaginación que luego tomará forma y podrá desplegarse en la obra creativa.

Movimiento Auténtico posibilita también el desarrollo de la capacidad interoceptiva, inherente a las diversas prácticas somáticas.

“…para que la danza se abra tenemos que permitirnos ser tocados, ser movidos”  Mary Whitehouse

En Psicoterapia:

En un contexto terapéutico, como abordaje no-verbal, corporal-simbólico, Movimiento Auténtico posibilita el acceso a contenidos psíquicos que han sido disociados o reprimidos, y no obstante permanecen latentes en la memoria del cuerpo.

La comprensión de Jung respecto al cuerpo y la psique como “dos aspectos diferentes de una misma cosa”[1], su curiosidad respecto al movimiento corporal de ciertos pacientes[2], su encuentro con el yoga y su interés particular en la alquimia, como tradición que ha tomado en cuenta la materia ofrecen una base desde la cual ha sido posible explorar el lugar del cuerpo, y la expresión simbólica a través del mismo, en la práctica analítica.

Como forma de imaginación activa, dicho abordaje invita a un diálogo tanto con los aspectos disociados de nuestra psique, como con aquel potencial aún no devenido consciente. Cuando los contenidos del inconsciente no encuentran una vía de expresión, muchas veces lo hacen de manera sintomática y compulsiva, a través de conductas repetitivas, adictivas, de síntomas físicos o enfermedades psicosomáticas.

En un proceso psicoterapéutico, la forma de Movimiento Auténtico o  Imaginación Activa en movimiento, facilita la apertura a dichos contenidos hasta entonces rechazados, posibilitando en un contexto adecuado el desarrollo de nuevas formas simbólicas que permitan su elaboración.

Este proceso contribuye al desarrollo de una nueva cualidad empática en el vínculo con uno mismo y con otros, una mayor capacidad autorreflexiva, junto a la posibilidad de aceptar la paradoja, trascendiendo los límites de una visión dualista, como rasgo esencial de nuestra naturaleza

[1] Jung, C.G. 1946, On the Nature of the Psyche, CW8, par 418.

[2] Jung se interesa por ciertos gestos repetitivos de pacientes a quienes atendía  en la clínica Burghölzli. En años posteriores también hace referencias a pacientes que preferían bailar sus mandalas en lugar de dibujarlos. Chodorow da cuenta de diversos ejemplos al respecto (1991)

[3] Mary Whitehouse, fue bailarina y pionera en el campo de la danza movimiento terapia. Realizó análisis personal con la analista jungiana Hilde Kirsch – quien fue discípula directa de Jung, y participó de seminarios en el Instituto Jung en Zúrich.

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